Mascotas

2009
06.07

Este espacio lo dedico a las serpientes, sapos, ratones, tortugas, gatos, perros y demás fauna que ha alegrado mi espacio. Los animales son una de mis primeras y más grandes pasiones. No fui veterinaria porque no hubiera soportado ver morir animales, tampoco bióloga porque no se me ocurrió. Pero dejo aquí el testimonio de mi coexistencia con las mascotas más importantes de mi historia.

Los que viven ahora conmigo:

Santos
Nacido en San Andrés Cholula, a las puertas de la 10 poniente número 7 interior 2, l Santos fue un cachorro albino y rosado, su nombre proviene de su parecido al nacer con el famoso personaje de Trino. A los quince días él y su par de hermanos, hijos de la Tía Wey y el Oxo, fueron amenazados de muerte por el dueño del inmueble. Yo imaginé mejor suerte para ellos, coloqué a la camada en una caja de cartón y a sus quince días de nacidos procedí a criarlos, creyendo que una vez fuertes los entregaría a sus felices nuevos dueños. Así fue con sus hermanos, pero El Santos se ganó un lugar en mi familia, sus entrañables berrinches, al negarse a beber leche que no estuviera tibia y endulzada con miel, me hicieron estar convencida de que podríamos entendernos bien para toda la vida. Así ha sido, este cachorro eterno y yo, somos inseparables.

Lana
Llegó a la familia un 9 de noviembre de 1999, Shnauzer miniatura, que tardó aproximadamente 5 minutos en respirar después de nacer, dada por muerta y resucitada, se caracteriza por sus nulas habilidades para aprender. A sus 9 años casi ha perdido por completo la vista y se estrella con todo objeto que sea movido de su lugar. Burra con ganas, pero fuera de su incansable manía de ladrar agudamente, es un encanto de animal.

Luca
Otra Shnauzer miniatura, que es mamá biológica de Lana. Me la regalaron cuando tenía 6 meses, no la conocí cachorra, así que siempre la he considerado la adulta de la manada. Ella es responsable por todo y de todos, me cuida y protege como si en verdad tuviera la capacidad de salvarme de todo apuro y hasta de la misma muerte, tal vez la tiene. A sus 11 años le quedan pocos dientes, pero mucha energía, que en la mayoría de los casos ocupa para hacer corajes. Ella si muerde.

Bruno
Pez Beta, habita una minipecera decorada con un pedacito de planta, algunos caracoles de mar y canicas de colores. Desde el kinder no tenía un pez, había olvidado lo divertidos que pueden ser. Fue un regalo y si por mí fuera no tendría un animalillo de estos, huelen peor que los perros y hay que lavarlos más seguido, pero ya que está aquí lo disfruto con todo su azul de mar.

Los que vivieron conmigo:

Mico
Un gatito gris que encontré atrás de un refrigerador abandonado, fui mi primer gato y quien me hizo superar las tremendas alergias que me daban los felinos. Soporté muchos meses de horrorosas toses y temperaturas, con tal de poder cuidarlo. El me lo recompensó haciendo los gestos más graciosos que he visto en un animal y asesinando lagartijas, ratones y aves para mí. Luego se fue de casa, junto con mi exmarido, lloró 15 días por mí (el gato, el exmarido ni uno), luego me olvidó.

Semilla
Murió de meses, envenenada y heredándome su nombre. Parecía un San Bernardo en miniatura, recuerdo haber visto el fondo de sus ojos antes morir, me consuela que no sufrió demasiado. Luego de ella juré no volver a tener perro, pero tres días después tenía a la instalada de Luca durmiendo en mi cama.

Tila
También murió envenenada, poco después de cumplir un año. Fue el primer perro del que me hice responsable. Era negra y en su primera visita a la peluquería se convirtió en gris. Ella me enseñó como cuidar a un perro y también como llorar por él.

Pancho
Mi primera mascota canina, cuando tenía 7 años lo compramos por mil (de los viejos) pesos, un perro loco en toda la extensión de la palabra. Nunca obedeció una orden y jamás se cansaba de jugar. Era tan extraño que una vez dejó que una amiga lo pintara todo de de azul con un plumón marcador. Que animal tan bacana, mi mamá lo regaló, cuando tenía 11 años, porque no lo cuidábamos. Aprendí la lección, ahora toda mascota a mi alrededor la cuido demasiado.

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